Se encuentra en: Inicio Villarejo

Bernardo Alonso Villarejo

Bernardo Alonso VillarejoDon Bernardo Alonso Villarejo nació en Bembibre el 19 de noviembre de 1906. La circunstancia de pertenecer a una familia de industriales determinó su formación y su trayectoria vital. 

Estudió bachillerato en el colegio de Don Ramón Belinchón, ubicado en la capital leonesa y que más tarde se llamará Colegio Leonés. Quiso estudiar ingeniería naval en la ciudad de La Coruña, pero un problema físico, pues era daltónico, y la muerte temprana de su padre impidió que pudiese cumplir su deseo. 

La nueva situación no fue disculpa para no continuar formándose a título personal. Desde su juventud y a lo largo de su vida frecuentó París, un modo de aprender francés y al tiempo un medio para ampliar sus deseos de conocimiento, que complementó con múltiples viajes por España y Europa. El perfil de persona estudiosa y autodidacta estaba iniciando su trazo.

El 4 de septiembre de 1931 contrae matrimonio a los veinticinco años con Doña Elisa Rodríguez Fernández, nacida el 29 de diciembre de 1908 en Bembibre, unión que no ha tenido descendencia. Con ella compartirá el avatar de su existencia como persona adelantada a su tiempo y como industrial, condición ésta que asumió con su hermano Francisco al morir su madre en 1955. Desde entonces ambos se hicieron cargo de los conocidos “Almacenes Villarejo” de Bembibre y de la tienda abierta en Ponferrada, negocios familiares fundados en 1896 por la familia de su madre, Doña Victorina Villarejo, que heredaría y regentaría con la ayuda de su marido Don Francisco Alonso, padre de Don Bernardo.

La bonanza económica de la minería berciana facilitó su prosperidad, lo que contribuyó a que la familia edificase una casa en la Plaza Mayor de Bembibre, de estilo modernista, que hoy es una referencia arquitectónica del urbanismo bembibrense.

Don Bernardo fue hombre independiente, metódico, disciplinado, hipocondríaco, solitario y algo taciturno, pero también exquisitamente educado, comedido, culto y convencido de sus ideas. Fue un ávido lector de los filósofos griegos, especialmente de Platón, de la literatura española del Siglo de Oro, con El Quijote como uno de los predilectos, y de los autores de las generaciones del 98 y del 27. Conoció tanto la literatura inglesa, especialmente a Gilbert Keith Chesterton, como la alemana, de la que fue asiduo a través de la obra de Thomas Mann. 

En el mecenazgo encontró una manera de ser coherente con sus ideas. Puesto que las posibilidades económicas se lo permitían, contribuyó con aportaciones pecuniarias y donaciones a la mejora y progreso de Bembibre. Sufragó actividades culturales, escolares y deportivas; financió la instalación de los juegos infantiles de los parques públicos de la localidad; construyó casas para trabajadores e hizo aportaciones económicas para que se hiciese la Residencia de la Tercera Edad “El Santo”; apoyó la creación y edificación de la Casa de Oficios, el Museo local del “Alto Bierzo” e incluso donó los terrenos de la actual plaza que lleva su nombre, anteriormente llamada de Don Quijote por expreso deseo de Don Bernardo, ya que nunca quiso ningún tipo de notoriedad que ensalzase su persona. Eras de Pradoluengo. En sus inmendiaciones se ubicará el Campo de los Juncos. Foto Villarejo En este sentido fue un prócer sumido en la humildad que anteponía el bien público como principio social y de convivencia. Por tal motivo se reconoció su hacer benefactor al concedérsele la Medalla de Oro de la Villa y al ser nombrado Hijo Predilecto de Bembibre en 1998, honor que no pudo recibir en persona porque falleció poco antes de hacerse realidad el homenaje que había surgido de sus convecinos.

Desde finales de los años 70, el trofeo veraniego de fútbol organizado por el Atlético Bembibre, que es el de mayor tradición de los que se celebran en El Bierzo, lleva su nombre.

La desazón del inmovilismo y las sinrazones que tanto rechazaba aparecieron de forma más dramática con motivo de la guerra civil española. Fue un momento en el que procuró buscar la conciliación desde la cordura y sentido humanitario que no siempre fueron comprendidos. La guerra le llenó de pesadumbre como al resto del país
y quizá por ello siempre se mantuvo al margen de la política. 

La insana palidez de semejante experiencia nada tuvo que ver con su recreada afición al coleccionismo de sellos y relojes y al cultivo de sus dos verdaderas pasiones: la poesía y la fotografía. Como poeta, es inédito, y como articulista sólo publicó ocasionalmente en la prensa local. 

La faceta de fotógrafo aficionado fue descubriéndose tímidamente en los certámenes nacionales y provinciales a los que acudía, donde por regla general era galardonado [Premio Nacional de Ponferrada (1953), Medalla de Exaltación de los Valores Leoneses (1954), Premio de Zaragoza (1956), Premio de Recursos Técnicos de Gerona, Premio Nacional de Córdoba (1955) así como otros de Bilbao, Vigo, Pontevedra y Canarias]. 

Participó en exposiciones colectivas nacionales (León, Madrid, Barcelona) y extranjeras (Londres). Sus fotos ilustran libros, revistas, programas o visten las paredes de centros institucionales. Fue miembro de distintas asociaciones fotográficas de Ponferrada, León y Cataluña. Su hacer tuvo como recompensa las exposiciones que en 1986, en 1989 y en diciembre del año 2003 se realizaron en Bembibre.


Joaquín Alonso
(Etnógrafo y escritor)

 

 

Comparte la página